lo Ultimo q escribio Victor Jara estando en estadio Chile y ademas estan las palabras de un tipo q estubo con él durante todo ese maldito momento de torturas, a los que fueron sometidos muchos compañeros. Es emotivo y demuestra mas la brutalidad de los milicos. :putalawea
Saludos, Jeks-one
Aquí están los versos de Víctor, de su último poema, “Estadio
Chile”:
“Somos cinco mil aquí,
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total
en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos
que siembran y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror, locura!
Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.
Un muerto, uno golpeado como jamás creí
se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,
uno saltando al vacío,
otro golpeándose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija en la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes
con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existe
un número que no progresa,
que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
lleno de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignonimia!
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas .
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
Canto, qué mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo,
como el que muero, espanto
de verme entre tantos y tantos
momentos de infinito
en que el silencio y el grito son las metas
de este canto.
Lo que nunca vi,
lo que he sentido y lo que siento
hará brotar el momento...”
Victor Jara
Porque a pesar de lo fuerte, vale la pena ser leido, en onor a
nuestro Querido Victor.
Yorka.
por Boris Navia (Chile)
“¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, gritó el ficial
apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesoes y estudiantes de la UTE ingresábams con las manos en la nuca y a punta de bayoneta al Estadio Chile la tarde del miércoles 12 de septiembre d 1973.
El día antes, Víctor debía cantar en el acto que se relizaría en l UTE, donde el Presidente Allende anunciaría el llamado a plbiscito al pueblo
de Chile.
¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!”, repitió iracundo el
oficial. El casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola al cinto y balanceando su cuerpo tensado y prepotente
sobre sus botas negras.
“¡A ese huevón!… ¡a ése!”. El milico lo empuja, sacándolo de la fila.
“¡No me lo traten como señorita, carajo!”. Ante la orden, el soldado levanta el fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor, que cae
de bruces casi a los pies del oficial.
“¡Ch’e tu madre! Vos soy el Víctor Jara, huevón. El cantor marxista, el cantor de pura mierda!”
Y su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con las manos; ese rostro que cada vez que lo levanta esboza una sonrisa, que nunca lo
abandonó hasta su muerte.
“Yo te enseñaré, hijo de puta, a cantar canciones chilenas, no comunistas!”
El golpe de la bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás… El oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. La
bota maldita se incrusta en la carne del cantor.
Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror.
Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda la pistola y pensamos con pavor que disparará sobre
Víctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez.
Grita e increpa. Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos… Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedó grabada para siempre en nuestras retinas…
El oficial se cansa del castigo y se detiene, mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que lo observan con asombro y con ira.
Se descompone y grita.
“¿Qué pasa, huevones! ¡Que avancen estas mierdas! Y a este huevón -se dirige a un soldado- me lo pones en ese pasillo y al menor movimiento lo matas, ¡lo matas, entendiste, carajo!”.
El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos.
Primero 2.000, luego serían más de 5.000 Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecha jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en odas partes, una bestialidad jamás vista.
Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar esta “escoria humana”, a la “cloaca marxista”, como lo espetan.
Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas a Víctor y la respuesta es que sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego y, además, el Estadio Chile era un multiescenario del horror, de la bestialidad más despiadada. Allí
arriba un oficial le cortaba la oreja con un corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Un niño de 14 años enloquecía y el soldado le descargaba su arma. De pronto un soldado
tropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar el oficial a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían le ordena que lo golpee y el soldado toma el fusil por
su cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador que se desangra hasta morir.
Víctor, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento con prohibición de moverse. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción
Chilena, con su “Plegaria de un Labrador”.
Allí es obligado a permanecer la noche del miércoles 12 y parte del jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua.Tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por el
Príncipe ante las delegaciones de oficiales de otras ramas castrenses, y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.
La tarde del jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los buses
muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.
Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le
cortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribim os con su nombre completo: Víctor Lidio Jara Martínez.
Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al Nacional, y escapábamos de la bestialidad fascista del Chile, podríamos, tal vez, salvar su vida.
Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero más tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor
toma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra
de Lonquén, así comíamos los huevos”.
Y duerme con nosotros la noche del jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos qué haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en dictadura, y su rostro se ensombrece previendo quizás la muerte.
Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas, y del Presidente Allende, muerto en La Moneda; de su amado pueblo, de su partido y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella noche de septiembre.
El viernes 14 estamos listos para partir al Nacional.
Los fascistas parecen olvidarse de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. En el último minuto, una balacera nos
>vuelve a las graderías. Y llegamos al fatídico sábado 15 de septiembre de 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias de que saldrán en libertad algunos compañeros. Frenéticos, empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo mi libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera.
Y escribe, escribe, con el apremio del p resentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta una de las casetas de
transmisión y por ello lo seguimos viendo.
El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de Marina. Y desde lejos vemos cómo uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquilidad que emana de los
ojos de Víctor descompone a sus cancerberos. Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido,
ensangrentado. Luego, no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez
sobre todo aquel pueblo mancillado.
Aquella tarde, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Cincuenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ell os, junto a Litré Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el
cuerpo inerte perforado a balazos de nuestro querido Víctor Jara.
La brutalidad fascista había concluido su criminal faena. Era la tarde el sábado 15 de septiembre.
Al día siguiente su cuerpo sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.
Aquella noche, entre golpes y culatazos, ingresamos al Estadio Nacional. Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto, amado Víctor, Víctor del Pueblo.
Esa misma noche y al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que él mismo tituló “Estadio Chile”.
Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondió las dos hojas del poema; antes yo hice dos copias de él, y junto al ex senador Ernesto Araneda, también
preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que salían en libertad.
Sin embargo, el joven es revisado en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor y bajo tortura obtienen el origen del poema, llegan a mí y me llevan al velódromo, transformado en recinto de interrogatorios.
Me entregan a la FACH y, tan pronto me arrojan a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. “¡Ese zapato cabrón!”, grita. Su brutalidad se me viene encima.
Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas destinadas a saber si existían más copias del poema.
¿Por qué a los fascistas les interesaba tanto el poema? Porque a cinco días del golpe en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba la voz levantando las figuras de Salvador Allende y Víctor Jara y, en consecuencia,
sus versos de denuncia había que sepultarlos.
Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones, era el tiempo necesario para que el
poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo.
Y, con orgullo, debo decir que los torturadores no lograron lo que querían.
Una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad.
Plegaria del Estudiante.
¿Por qué me impones
lo que sabes
si quiero yo aprender
lo desconocido
y ser fuente
en mi propio descubrimiento?
El mundo de tu verdad
es mi tragedia;
tu sabiduría,
mi negación;
tu conquista,
mi ausencia;
tu hacer,
mi destrucción.
No es la bomba lo que me mata;
el fusil hiere,
mutila y acaba,
el gas envenena,
aniquila y suprime,
pero la verdad
seca mi boca,
apaga mi pensamiento
y niega mi poesía,
me hace antes de ser.
No quiero la verdad,
dame lo desconocido.
Déjame negarte
al hacer mi mundo
para que yo pueda también
ser mi propia negación
y a mi vez ser negado.
¿Cómo estar en lo nuevo
sin abandonar el presente?
No me instruyas,
déjame vivir
viviendo junto a mí,
que mi riqueza comience
donde tu acabas,
que tu muerte
sea mi nacimiento.
Me dices que lo desconocido
no se puede enseñar,
yo te digo que tampoco
se enseña lo conocido
y que cada hombre
hace el mundo al vivir.
Dime, que yo tejeré
sobre tu historia;
muéstrate para que yo pueda pararme
sobre tus hombros.
Revélate para que
desde ti pueda yo
ser y hacer lo distinto;
yo tomaré de ti
lo superfluo, no la verdad
que mata y congela;
yo tomaré tu ignorancia
para construir mi inocencia.
¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la guerra
con la paz, y la paz
es la afirmación de la guerra?
¿No te das cuenta
de que has querido
combatir la injusticia
con la justicia,
y que la justicia
es la afirmación de la miseria?
¿No te das cuenta
de que has querido combatir
la ignorancia
con la instrucción
y que la instrucción
es la afirmación de la ignorancia
porque destruye
la creatividad?
Tu conocimiento
nos muestra el mundo
o lo niega,
porque es la historia
de tus actos,
o lo negará porque
despertando tu imaginación
te llevará a cambiarlo
Deja que lo nuevo
sea lo nuevo
y que el tránsito
sea la negación del presente;
deja que lo conocido
sea mi liberación,
no mi esclavitud.
No es poco lo que te pido.
Tú has creído
que todo ser humano
puede pensar,
que todo ser humano
puede sentir.
Tú has creido
que todo ser humano
puede amar y crear.
Comprendo pues tu temor
cuando te pido
que vivas
de acuerdo a tu sabiduría
y que tú respetes
tus creencias;
ya no podrás predecir
la conducta de tu vecino,
tendrás que mirarlo;
ya no sabrás
lo que él te dice escuchandote,
tendrás que dejar poesía en sus palabras.
El error será
nuevamente posible
en el despertar
de la creatividad, y el otro tendrá presencia.
Tú, yo y él tendremos
que hacer el mundo.
La verdad perderá
su imperio
para que el ser humano
tenga el suyo.
No me instruyas,
vive junto a mi
tu fracaso es
que yo sea
idéntico a ti.
Rituales Aymaras
Debido a la religiosidad andina, cada hito en la vidad aymara está lleno de libaciones, rituales y ceremonias. En al presente exposición se hará una descripción de lo que, arbitrariamente, creemos son las más difundidas.
Anata (El Carnaval)
La anata aymara (que empieza y termina un domingo), más conocida como carnaval, es una de las festividades más difundidas en la comunidad andina. Esta celebración está intimamente ligada as las chacras pues se rinde culto al padre de ella ispallanaka. La festividad es compleja hoy día, pues, se halla llena de concepciones cristianas. Pese a ello se pueden distinguir varios elementos característicos.
El primero de ellos es la personificación del carnaval en un viejo o una vieja (ño carnavalón) u otro personaje. Algunos sostienen que puede ser la personificación de un achachilla, malku o ispallanaka.
Otro aspecto característico de este carnaval es la festividad con música de tarkas (que sólo puede ser tocada en épocas de lluvias), serpentinas y challa.
Sin profundizar mucho, podemos decir que existen tres días sobresalientes en esta festividad. El lunes de carnaval está dedicado a culto de ispällanaka, martes de carnaval y días siguientes son dedicados a visitar las casas de amigos, parientes, compadres; finalmente la cacharpaya o ultimo día es la celebración de despedida del carnaval hasta el otro año.
Q'uwancha
Es una ceremonia realizada con q'uwa en las chacras y potreros de los agricultores aymaras. Los cultivos de terrenos de papa, principalmente son festejados con tarqueadas, y adornados con serpentinas y membrillos. En las chacras se hace un "pago" aymara, consistente, en una mesa dulce, libaciones de alcohol, incienso y copal.
Esta tradición tiene variaciones , de acuerdo al pueblo del que se trate, incluso tiene otros nombres de acuerdo a las localidades andinas.
Floreo o Wayñu
Metaforicamente se dice que este ritual es para celebrar el matrimoniode los animales (ganado). Esto coincide con la época de lluvias en los camélidos, y con el invierno en las ovejas.
En la ceremonia se utilizan normalmente elementos materiales y simbólicos de la cultura aymara. Concluida la ofrenda a los espíritus tutelares, se hace la siguiente recomendación al ganado. "Ahora son los que van a procrear, por ustedes es que nosotros vivimos, nunca nos van a olvidar... ahora coman y beban porque es su día" (Ochoa, 1988).
Después de esta recomendación se les arroja mixtura y se les ch'alla con vino. se le colocan flores de lana, (aretes: t'ikacha) y serpentina al ganado simbolizando su unión. Más tarde se les tiñe la cabeza y el pecho de rojo, (en algunos lugares se usan las flores de cardenal) y le cuelgan una campanillaPachamama.
El pueblo indigÉna: Los aymarÁs
El aymara es un lenguaje andino hablado por un millón y seiscientos mil personas, en las proximidades del lago Titicaca. Por "pueblo aymara" entendemos al conjunto de individuos que tienen como lengua materna al aymara y también a las personas y grupos que claman para sí su identificación como aymaras. No existe un subgrupo étnico exclusivo del aymara y recíprocamente el lenguaje aymara no puede ser considerado una exclusividad de ningún subgrupo étnico. La lengua aymara está muy difundida y la hablan diversos grupos indígenas como los Qullas, Lupaqas, Qanchis, Carangas, Lucanas, Chocorvos, Chichas, y otros. Hoy, numerosos grupos aymara han adoptado la lengua quechua.
Los aymara fueron conquistados por los incas en el año 1450, cuando formaban unos 80 reinos dispersos en un amplio territorio y enfrentados entre sí. A partir de 1535 los españoles conquistaron el Altiplano boliviano al mando de Diego de Almagro y ocho años después, en 1542, el virreinato del Perú incluiría ya la totalidad de su territorio. (Más sobre la historia del pueblo aymara.)
El pueblo Aymara
El pueblo Aymara es un pueblo milenario dedicado al pastoreo y a la agricultura usando técnicas ancestrales de cultivo. Tienen una economía complementaria, ya que los que viven en el altiplano poseen abundantes rebaños y escasos cultivos, mientras que los que lo hacen en la precordillera producen bastantes verduras frutas y semillas gracias al eficaz uso del suelo, mediante las tradicionales terrazas.
Debido a estas condiciones se generan relaciones de intercambio de productos entre pastores y agricultores. Esta forma de subsistencia se basa en el principio del ayne, que se refiere a la reciprocidad entre los aymarás: la petición de ayuda en el presente, será correspondida en el futuro.
UbicaciÓn geogrÁfica
Los Aymarás habitan, traspasando las fronteras impuestas por las naciones, desde las orillas del lago Titicaca y la cordillera de los Andes, hasta el noreste argentino. Más precisamente, según los últimos censos de Bolivia y Chile (1992) y del Perú (1993) existen 1.237.658 aymaristas bolivianos, 296.465 aymaristas peruanos y 48.477 aymaristas chilenos. También existen varias comunidades de las provincias argentinas de Salta y Jujuy que se autoproclaman aymaristas aunque no hablen esta lengua.
En Chile el pueblo Aymara habita en dos zonas del norte, en la Región de Tarapacá y, en menor proporción, en la Región de Atacama. en la franja precordillerana y altiplánica. Actualmente existen 48.477 Aymara (censo de 1992), de los cuales sólo 2.397 residen en sus territorios originarios, ubicados en las provincias de Parinacota-Putre y General Lagos. Esto significa que se está produciendo un abandono de los territorios precordilleranos y altiplánicos de sus ancestros.
La cosmovisión Aymara
El Aymara concibe su habitat como el medio andino que dio origen y bienestar a la comunidad. Para él existe una sola realidad conformada por dos ámbitos: el medio natural y el mundo sobrenatural. La cosmovisión Aymara se formó en diferentes épocas pasadas y refleja los grandes cambios de su historia. Es una visión religiosa que sacraliza la naturaleza y legitima la posición del hombre sobre ella. Así es como hoy denominan Costumbre a los ritos religiosos basados en sus antepasados y Religión a los rituales y símbolos de origen cristiano.
La parte más antigua (costumbres) es la dirigida a los Achachillas o Mallkus, que son los espíritus de las montañas nevadas que circundan sus pueblos, a la Pachamama, y a la serpiente Amaru, vinculada a la subsistencia por las aguas, ríos y canales de irrigación de las tierras agrícolas (3.000 a 2.000 m. de altura).
El sistema de creencias Aymara es un ciclo ritual sincrético, en el cual coexisten y se integran dos componentes: el prehispánico, o sistema de creencias indígenas, anterior a la llegada de los conquistadores, y la religiosidad posthispánica que introduce la religión católica. El culto Aymara, sin embargo, es uno solo. Es un culto anual que se desarrolla al ritmo de las estaciones.
Espacios espirituales
Estos son los tres espacios espirituales del Aymara:
El Arajpacha simboliza la luz y la vida. Es el este u Oriente es lo que está adelante porque es el origen del agua y de la vida, el sol y las lluvias nacen allá, también significa dios cultivador y hacia allá se dirige la mirada (templos y casas deben mirar hacia él).
El Akapacha es el centro, son los valles y quebradas, es lo que está cerca, o Acá, donde habita el hombre Aymara, es el espacio que queda entre el cielo y el infierno o entre la vida y la muerte.
El Manquepacha simboliza la muerte y la oscuridad. Es el oeste. Allí es donde se pierden las aguas y termina la vegetación; es el desierto y también la dirección donde van los muertos. Allá se fue Viracocha, el dios creador y cultivador de Los Andes, (el que partió hacia la Gran Cocha) el Océano Pacífico, después de haber terminado su obra de creación
El principio del Tinku es del equilibrio y la reciprocidad entre él, la comunidad y estos espacios. (Tinku viene del verbo Tincuy; emparejar, equilibrar, adaptar). El Aymara persigue el Tinku entre el Arajpacha y el Manquepacha. El trata de vivir en armonía, buscando ser sabio en el Akapacha sin caer en los extremos.
En aimara
"Uraki jaylli" ("Canción a la
tierra")
Chili alajj, pachamajj laramawa
wali samannakajj sarnaqaskiraki
uraquemax phanqarampi
luratawa
jamuqa kusisit wasara
phanqaranit
Suma jach'a janq'o mallkuwa
tatitux suma waqt'a churutmawa
uka lamaran k'achaki jarista
wali suma wiñay pachar
jarawi churanma
Mujjsa marka votunak katusma
kawki chilimpi aramajj suraski,
kuna tumba jan chinuntata
ukham asilojj jan chinuntata
kuna tumba jan chinuntata
ukham asilojj jan chinuntata
ukham asilojj jan chinuntata
ukharn asilojj jan chinuntata
En mapudungún
Lof g'l ("Canción de la Tierra")
Kall'f hueno mapu, meu m'liga
re k'me que k'rrff rupa el
rayen lef'fn ñimín quisu kahui
feimeu rume ad'n mapu may
Cllageniechi lign'arr mahuida may
eluel g'nechén ñi ad'n al
eluel g'nechén ñi ad'n al
Mi lafquén m'ñetú auisu queimo
eluquerro k'mé mongeleal
mi lafquén m'ñetú quisu queimo
elu queimo k'mé mongeleal
Ellal ka lechi mapu t'fa nga
rumel peuley ta iñ elgue m'ñ
ka taiñ rumel huitra leaiñ may
chem che rume acual moge pay
ka taiñ rumel huitra leaiñ may
chem che rume acual moge pa ay
chem che rume acual moge pa ay
chem che rume acual moge pa ay
